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Dias de Gracia

Empiezo mi día orando por mi hijo mayor, fuera del país en un viaje de negocios.  Un poco más tarde saludo a mi hijo menor antes de que salga a su trabajo y me quedo en su casa cuidando sus dos hijos varones, mis nietos menores (3años y ½  y 23 meses de edad).

En la tarde llevo a mi mi nieta de 6 años (la hermana mayor de los niños) a mi casa para pasar la noche con su abuelita.  Caminamos juntas, hacemos un proyecto de arte, y preparamos el platillo favorito de nuesta familia para cenar.  Se va contenta a la cama en mi recamara de huéspedes recién decorada, sintiéndose como la persona especial que es.

Se completa mi día con una llamada telefónica de mi maravillosa hija que me cuida mucho, la mayor de mis tres hijos.

La mañana siguiente empieza con un desayuno de huevos revueltos y una caminata con mi nieta.  Jugamos a las muñecas.  Cumplo con  mi promesa de hacer galletas de chocolate con ella, al mismo tiempo platicando con una amiga misionera visitando de Brazil y otra querida amiga.  Todas disfrutamos de las galletitas recién hechas, calientitas del horno y muy sabrosas.

Mis amigas me preguntan como estoy.  “Creo que me estoy adaptando mejor que muchas,” refiriéndome  a mi jornada de los últimos siete meses de ser viuda.  “Pero hubiera preferido no tener este último acontecimiento,” hablando del diagnosis recién del cancer del seno. “Al mismo tiempo sigo confiando en el Señor,” continuo. “Sigo adelante con Cristo.”

Contesto unas cuantas llamadas relacionadas al ministerio en la iglesia y hago otras llamadas para hacer citas con los médicos mientras mi nieta pacientemente me espera para jugar juntas.

Mi nuera, con los dos niños, llega a recoger a mi nieta.  Como mi experta en la decoración se queda un rato para ayudarme a decidir en dónde colgar las pinturas de aceite que pintó mi suegra hace muchos años.

Los niños corren por la casa, con galletas de chocolate en la mano y extendidas por toda la cara, pintando las paredes y ensuciando la alfombra con el chocolate.  Momentariamente perdimos al niño chiquito solo para encontrarlo felizmente embarrando el piso y los muebles del baño de loción encontrada en el mismo baño.

Manejamos a una tienda cercana y también cenamos. Mi nuera y los niños siguen rumbo hasta su casa y yo a la mía.  Llego a limpiar loción del baño, galletas de chocolate de las paredes y alfombra, y limpiar la cocina, sucia por haber hecho las galletas.  Pero no me importa tener que limpar cuando recuerdo los momentos agradables  en que se ensució la casa.  Termino comiendo las últimas dos galletas, que ya no me saben tan ricas sin casa llena de gente.

El mayor de mis dos hermanos me llama con un reporte de su propia batalla con el cancer, y también para ver cómo estoy yo, y sigue una llamada de mi otro hermano, también preocupado por la salud de su hermanita.   Mi día se hace completo con una llamada de mi amada hermana en la fe y compañera en el ministerio de la iglesis Hispana, y concluye ella con una oración por mi salud.

Dos días de mi vida.  Días bendecidos por Dios: bendecidos con una cariñosa familia, preciosas amistades, y un fructífero ministerio entre mis hermanos Latinos.

¿Qué más podría yo pedir?  Aunque los últimos tres años me han llevado por un camino ni esperado ni anticipado con la enfermedad de mi esposo, haberme quedado viuda, y ahora cancer del seno, las bendiciones de Dios son muchas más que las pruebas en este viaje asombroso de la vida.  Sigo adelante con Cristo, bendecida por la gracias de Dios.

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