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Archive for the ‘Temor’ Category

Hace casi dos semanas tuve una operación para cancer de mama.  Aparte del nerviosismo preoperativo normal, entré al quirófono confiando plenamente en el Señor.  Aunque deseaba que no se encontrara cancer metastizado el los ganglios linfáticos como el resultado ideal, así no fue el caso.  Al examiner el ganglio de centinela durante la cirujía y encontrar células cancerosas, también quitaron diez ganglios más para examinarse.  Este próximo jueves el oncólogo me dará los resultados junto con un plan de tratamiento.

Acepto el plan de Dios para mi vida y no dudo de Su poder en llevarme por esta próxima etapa de mi tratamiento.  Sin embargo diaramente tengo mis pequeñas luchas con el temor.  Mi Padre en Su amor y gracia infinita me ha recordado de la esperanza que tengo en El y que mi futuro está en Sus manos.  Quisiera compartir hoy lo que escribí en Domingo de Resurrección, un corto tiempo después de la promoción de mi esposo al cielo, lo que me ha ayudado hoy en guiar mis pensamientos.

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Hace un poco más que cinco semanas que falleció Jaime.En mi adaptación a la vida sin él, cada día aprendo un poco más sobre el proceso de duelo.  En realidad, pienso que me ha dolido más en esta última semana que en las primeras cuatro juntas.  Especialmente en el Domingo de Resurrección, todo un gama de emociones inundó la brecha enorme en mi corazón.

El Domingo de Resurrección fue el día favorito de mi esposo.  La victoria y esperanza asociadas con la resurrección de Cristo también siempre han sido la base de mi propia fe y la fuente de mi fuerza diaria.  De la misma manera que asistí al servicio del Viernes Santo para darle gracias a Dios por enviar a Su Hijo Jesús a morir en mi lugar, también anticipaba los servicios del domingo para alabar al Cristo resucitado.

El hecho de asistir a estos servicios sin Jaime fue una nueva experiencia, y  por lo mismo me sentí más vulnerable.  Primero asistí al servicio en inglés.  Para cuando terminaba la última estrofa del himno de clausura, “Porque Él Vive,” las lagrimas rodaban por mi mejilla.  “Yo sé que un día el río cruzaré; Con el dolor batallaré.  Y al ver la vida triunfando invicta, Veré gloriosas luces y veré al Rey.” En mi mente repasé la batalla tan valiante de mi esposo con el dolor, y lloré por lo que habría sentido sabiendo que se enfrentaba con su batalla final.  Me dolió que había tenido que sufrir tanto.   ¿Qué habría pensado y sentido en los últimos momentos de su vida?  ¿Cómo sería tomar su último aliento y en un instante ver a Su Salvador cara a cara?

Vacilaban mis emociones entre tristeza – tristeza por todo lo que Jaime había sufrido y también por el hecho que no estaba a mi lado ― y gozo en saber que mi esposo está celebrando  esta victoria continuamente en la Presencia del Señor.

En medio de lágrimas canté el victorioso coro:  “Porque él vive triunfaré mañana, Porque él vive ya no hay temor; Porque yo sé que el futuro es suyo, La vida vale más y más sólo por él.”*   La esperanza expresada en estas palabras me permiten vivir cada día en triunfo.

Secando mis lágrimas, empecé a saludar a la gente llegando para el servicio en español.  Como parte del programa me habían pedido que cantara un número especial sola. No sabía si podría, pero a la vez sabía que sería terapéutico afirmar a través del canto mi propia fe en la victoria de la resurrección. Y precisamente así fue.

Por varios años he cantado el canto “No Pudieron” en este día de celebración, pero jamás lo he cantado con el sentimiento y signficiado de este año.  Extrañé ver a Jaime sentado en la primera fila, con su sonrisa de aprobación y su “¡Amén!” jubiloso al final.  Me empoderó el pensar en la victoria de mi esposo sobre la muerte y que ahora él está en la presencia del Salvador.

“¡Gloria a Dios, Resucitó!  ¡Resucitó!”  culminó el victorioso canto.  Y, ¡oh la victoria que yo sentí cuando la música subió a su glorioso climax!  La congregación entera estalló en un aplauso de gozo y gratitud al Señor por esta hermosa verdad.   Al teminar el canto, yo me senté y sollocé, dándole gracias a Dios por la realidad de nuestra esperanza  y por permtirme cantar Sus gloriosas alabanzas ahora y por toda la eternidad.

*Canto por Gloria y William J. Gaither©1971

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