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Archive for the ‘Gracia’ Category

Mirando en el espejo una última vez antes de acostarme por la noche, me asusté con lo que vi.

Cirugía para el cáncer del seno había desfigurado mi cuerpo.  Quince días de la quimioterapia me había dejado calva.  “En realidad, eres un desastre,” me dije a mi misma en voz alta.

“En adición, perdiste a tu esposo hace unos pocos meses y te acuestas estando sola en la casa.  Has de estar devastada. “

Siguiendo con esta conversación conmigo misma, respondí, “Pero de alguna manera estoy contenta.”

Contenta.  ¿Qué significa?  ¿Cómo llega una persona a estar contento?

Mi diccionario define la palabra como “bastante feliz con lo que uno tiene o es; no deseando algo más o diferente.”

Años atrás, una amiga de la preparatoria una vez me dijo que yo era como una vaca contenta.  No tomé sus palabras como un cumplido en aquel entonces, sin embargo ahora que comprendo la definición de contenta, me agrada.  Implica estar satisfecha con lo que uno es o tiene.

Cuando estoy tentada a caer en la auto-compasión o el descontento,  me acuerdo de los versos bíblicos escritos por el Apóstol Pablo – versos conocidos pero con nuevo significado para mí en mis circunstancias actuales. Pablo elogia el contentamiento como una virtud en I Timoteo 6:6: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento.”

En Filipenses 4:11 dice, “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.”  Sigue en el verso 12 describiendo la gama de su experiencia personal: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.”

En lo personal, he hallado que el secreto de Pablo al contentamiento, dado por y enfocado en Dios, es verdadero y puedo proclamar con él sus palabras en el verso 13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Compartiendo su debilidad física, el “aguijón” en su carne, en 2 Corintios 12: 7-10, Pablo atribuye su contentamiento a la gracia, el poder, y la fuerza que tiene en Cristo aun en medio del sufrimiento.  Resume su pensamiento en verso 10: “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

El autor del libro a los Hebreos comparte la filosofía de Pablo cuando habla de estar “contentos con lo que tenéis ahora” (Hebreos 13:5). ¿Y su razonamiento?  “porque él dijo: ‘No te desampararé, ni te dejaré,’  de manera que podemos decir confiadamente: ‘El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.’”

Además de los ingredientes de la gracia, el poder y la fuerza de Dios en la receta de contentamiento, la presencia constante y continua y la ayuda de Dios quita el descontento, la soledad, y el temor.

En su libro, The Lord is My Shepherd: Resting in the Peace and Power of Psalm 23 (E Señor es mi Pastor: Descansando en la Paz y el Poder del Salmo 23 – traducción mía), autor Robert J. Morgan escribe: “Cuando el Señor es nuestro Pastor, es suficiente.  Él es suficiente.  Suficiente para llenar nuestras necesidades, calmar nuestros nervios, aclarar nuestra vista, restaurar nuestra alma, asegurar nuestro futuro, y bendecir nuestro día” (p. xv,).

Siguiendo con el verso 2 del Salmo 23, aprendemos la fuente del contentamiento: “En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará.”  Dice Morgan de este versículo: “Cuando nuestro Pastor está cerca, podemos relajar nuestra mente.  Pensamientos ansiosos se retiran en la presencia del Señor y Su Palabra y Sus promesas.  Llega el contentamiento cuando nos damos cuenta que Él es todo lo que necesitamos y Él llena todas nuestras necesidades.  Este conocimiento imparte una actitud de quietud de espíritu” (p.54).

Agrega Morgan, “El contentamiento es decir, ‘Pueda que el mundo se me caiga a pedazos, pero yo me mantengo de pie porque tengo a Jesús. Aunque a veces confundido y ocasionalmente turbado, tengo la base del bendito contentamiento en Su compasión y poder ‘” (p.57). Continua diciendo, “En vez de recordarse de lo que usted anhela, recuérdese de lo que tiene. . . Y sea agradecido (p.57).

Nunca hubiera yo escogido perder a mi esposo y recibir una diagnosis de cáncer del seno en un mismo año ( de hecho, en cualquier momento).  Y es más, no quisiera experimentarlo de nuevo. Y para ser honesta, hay días cuando batallo algo. Pero no cambiaría por un solo momento lo que he aprendido y cómo he crecido espiritualmente y como persona a través de esta experiencia.  Atesoro la paz y el contentamiento que encuentro en medio de mis circunstancias cuando practico los principios dados por Dios.

Entonces creo que se equivocó mi amiga.  Soy una oveja contenta, no una vaca contenta. Con Su gracia, fuerza, poder, y presencia en mi vida, estoy satisfecha con lo que tengo porque el Señor es mi Pastor.  No deseo algo más o algo diferente.

El Señor es mi Pastor, y es suficiente.  Estoy agradecida.

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Hace casi dos semanas tuve una operación para cancer de mama.  Aparte del nerviosismo preoperativo normal, entré al quirófono confiando plenamente en el Señor.  Aunque deseaba que no se encontrara cancer metastizado el los ganglios linfáticos como el resultado ideal, así no fue el caso.  Al examiner el ganglio de centinela durante la cirujía y encontrar células cancerosas, también quitaron diez ganglios más para examinarse.  Este próximo jueves el oncólogo me dará los resultados junto con un plan de tratamiento.

Acepto el plan de Dios para mi vida y no dudo de Su poder en llevarme por esta próxima etapa de mi tratamiento.  Sin embargo diaramente tengo mis pequeñas luchas con el temor.  Mi Padre en Su amor y gracia infinita me ha recordado de la esperanza que tengo en El y que mi futuro está en Sus manos.  Quisiera compartir hoy lo que escribí en Domingo de Resurrección, un corto tiempo después de la promoción de mi esposo al cielo, lo que me ha ayudado hoy en guiar mis pensamientos.

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Hace un poco más que cinco semanas que falleció Jaime.En mi adaptación a la vida sin él, cada día aprendo un poco más sobre el proceso de duelo.  En realidad, pienso que me ha dolido más en esta última semana que en las primeras cuatro juntas.  Especialmente en el Domingo de Resurrección, todo un gama de emociones inundó la brecha enorme en mi corazón.

El Domingo de Resurrección fue el día favorito de mi esposo.  La victoria y esperanza asociadas con la resurrección de Cristo también siempre han sido la base de mi propia fe y la fuente de mi fuerza diaria.  De la misma manera que asistí al servicio del Viernes Santo para darle gracias a Dios por enviar a Su Hijo Jesús a morir en mi lugar, también anticipaba los servicios del domingo para alabar al Cristo resucitado.

El hecho de asistir a estos servicios sin Jaime fue una nueva experiencia, y  por lo mismo me sentí más vulnerable.  Primero asistí al servicio en inglés.  Para cuando terminaba la última estrofa del himno de clausura, “Porque Él Vive,” las lagrimas rodaban por mi mejilla.  “Yo sé que un día el río cruzaré; Con el dolor batallaré.  Y al ver la vida triunfando invicta, Veré gloriosas luces y veré al Rey.” En mi mente repasé la batalla tan valiante de mi esposo con el dolor, y lloré por lo que habría sentido sabiendo que se enfrentaba con su batalla final.  Me dolió que había tenido que sufrir tanto.   ¿Qué habría pensado y sentido en los últimos momentos de su vida?  ¿Cómo sería tomar su último aliento y en un instante ver a Su Salvador cara a cara?

Vacilaban mis emociones entre tristeza – tristeza por todo lo que Jaime había sufrido y también por el hecho que no estaba a mi lado ― y gozo en saber que mi esposo está celebrando  esta victoria continuamente en la Presencia del Señor.

En medio de lágrimas canté el victorioso coro:  “Porque él vive triunfaré mañana, Porque él vive ya no hay temor; Porque yo sé que el futuro es suyo, La vida vale más y más sólo por él.”*   La esperanza expresada en estas palabras me permiten vivir cada día en triunfo.

Secando mis lágrimas, empecé a saludar a la gente llegando para el servicio en español.  Como parte del programa me habían pedido que cantara un número especial sola. No sabía si podría, pero a la vez sabía que sería terapéutico afirmar a través del canto mi propia fe en la victoria de la resurrección. Y precisamente así fue.

Por varios años he cantado el canto “No Pudieron” en este día de celebración, pero jamás lo he cantado con el sentimiento y signficiado de este año.  Extrañé ver a Jaime sentado en la primera fila, con su sonrisa de aprobación y su “¡Amén!” jubiloso al final.  Me empoderó el pensar en la victoria de mi esposo sobre la muerte y que ahora él está en la presencia del Salvador.

“¡Gloria a Dios, Resucitó!  ¡Resucitó!”  culminó el victorioso canto.  Y, ¡oh la victoria que yo sentí cuando la música subió a su glorioso climax!  La congregación entera estalló en un aplauso de gozo y gratitud al Señor por esta hermosa verdad.   Al teminar el canto, yo me senté y sollocé, dándole gracias a Dios por la realidad de nuestra esperanza  y por permtirme cantar Sus gloriosas alabanzas ahora y por toda la eternidad.

*Canto por Gloria y William J. Gaither©1971

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