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Archive for the ‘Esperanza’ Category

Cuando están viajando en el carro, mis nietos juegan un juego de contener la respiración cuando pasan por un túnel. Ellos  se divierten mucho.

En realidad, a mi no me gustan los túneles. Aunque a veces no se puede evitarlos, como en un viaje por carretera, yo no entro voluntariamente a un túnel a menos de que pueda ver la luz al final.

Esto me recuerda de un viaje a Hawái que hicimos mi esposo, Jaime, y yo hace unos años con familiares.  Decidimos un día subir a una montaña para una panorama de la isla.  Todo nos iba bien hasta que llegamos a túnel.  Como no pude ver la luz al final, opté por quedarme atrás.  Fue cuando mi esposo tiernamente me extendió la mano para guiarme con seguridad hasta el final.  Confiando en él, empecé la jornada, casi conteniendo la respiración ― no por diversión sino por  miedo.

Hace unos años una amiga quien había perdido a su esposo compartió que para ella, ser viuda a veces era como pasar por un túnel sin poder ver una luz al final.

Hoy marca el segundo aniversario de mi propia vida como viuda.  En realidad, durante el primer año no experimenté el túnel del cual ella me habló. Quizás fue porque mi enfoque fue en el ajuste a mi nueva vida y también por tratar y recuperarme del cáncer del seno.  Aún la primera mitad del segundo año se llenó de nuevas metas y aventuras.

Fue hace unos meses cuando de repente un día empecé a sentir como entraba a un túnel, batallando para ver la luz al final ―lo mismo de que otras viudas me habían hablado.  “Espérate un momento, Luisa,” me dije. “Para ti como creyente, aunque a lo mejor sientes como que pasas por un túnel oscuro, sin dirección y sin final, siempre hay luz al final.”

Me acordé que Dios ocupa las experiencias de túneles en la vida para ayudarme a crecer en mi fe.  En Job 23:10 leo las siguientes palabras: “Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro.”

A veces los ocupa para enseñarme a confiar en Su bondad: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.”

Y aún aprendo a depender en que El me guie. “Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha.   Me has guiado según tu consejo” (Salmo 27:13-14).

A fin de cuentas, como creyente siempre hay luz al final del túnel porque tengo esperanza en Cristo: “. . . Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).  No solo tengo esperanza en Sus propósitos en las experiencias diarias de mi vida, sino que también tengo esperanza para un futuro eterno con El.  “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3).

Por eso sigo creyendo que “por fe andamos, no por vista” (2 Cor. 5:7). Confío en El y dependo de Él, dejando que El me guie, sabiendo que “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11:1).

Tengo esperanza, porque Dios sabe por dónde me lleva y qué hace en y a través de  mi vida.  Ha prometido estar conmigo y guiarme el día de hoy, y un día recibirme en gloria para estar con El eternamente.

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Hace casi dos semanas tuve una operación para cancer de mama.  Aparte del nerviosismo preoperativo normal, entré al quirófono confiando plenamente en el Señor.  Aunque deseaba que no se encontrara cancer metastizado el los ganglios linfáticos como el resultado ideal, así no fue el caso.  Al examiner el ganglio de centinela durante la cirujía y encontrar células cancerosas, también quitaron diez ganglios más para examinarse.  Este próximo jueves el oncólogo me dará los resultados junto con un plan de tratamiento.

Acepto el plan de Dios para mi vida y no dudo de Su poder en llevarme por esta próxima etapa de mi tratamiento.  Sin embargo diaramente tengo mis pequeñas luchas con el temor.  Mi Padre en Su amor y gracia infinita me ha recordado de la esperanza que tengo en El y que mi futuro está en Sus manos.  Quisiera compartir hoy lo que escribí en Domingo de Resurrección, un corto tiempo después de la promoción de mi esposo al cielo, lo que me ha ayudado hoy en guiar mis pensamientos.

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Hace un poco más que cinco semanas que falleció Jaime.En mi adaptación a la vida sin él, cada día aprendo un poco más sobre el proceso de duelo.  En realidad, pienso que me ha dolido más en esta última semana que en las primeras cuatro juntas.  Especialmente en el Domingo de Resurrección, todo un gama de emociones inundó la brecha enorme en mi corazón.

El Domingo de Resurrección fue el día favorito de mi esposo.  La victoria y esperanza asociadas con la resurrección de Cristo también siempre han sido la base de mi propia fe y la fuente de mi fuerza diaria.  De la misma manera que asistí al servicio del Viernes Santo para darle gracias a Dios por enviar a Su Hijo Jesús a morir en mi lugar, también anticipaba los servicios del domingo para alabar al Cristo resucitado.

El hecho de asistir a estos servicios sin Jaime fue una nueva experiencia, y  por lo mismo me sentí más vulnerable.  Primero asistí al servicio en inglés.  Para cuando terminaba la última estrofa del himno de clausura, “Porque Él Vive,” las lagrimas rodaban por mi mejilla.  “Yo sé que un día el río cruzaré; Con el dolor batallaré.  Y al ver la vida triunfando invicta, Veré gloriosas luces y veré al Rey.” En mi mente repasé la batalla tan valiante de mi esposo con el dolor, y lloré por lo que habría sentido sabiendo que se enfrentaba con su batalla final.  Me dolió que había tenido que sufrir tanto.   ¿Qué habría pensado y sentido en los últimos momentos de su vida?  ¿Cómo sería tomar su último aliento y en un instante ver a Su Salvador cara a cara?

Vacilaban mis emociones entre tristeza – tristeza por todo lo que Jaime había sufrido y también por el hecho que no estaba a mi lado ― y gozo en saber que mi esposo está celebrando  esta victoria continuamente en la Presencia del Señor.

En medio de lágrimas canté el victorioso coro:  “Porque él vive triunfaré mañana, Porque él vive ya no hay temor; Porque yo sé que el futuro es suyo, La vida vale más y más sólo por él.”*   La esperanza expresada en estas palabras me permiten vivir cada día en triunfo.

Secando mis lágrimas, empecé a saludar a la gente llegando para el servicio en español.  Como parte del programa me habían pedido que cantara un número especial sola. No sabía si podría, pero a la vez sabía que sería terapéutico afirmar a través del canto mi propia fe en la victoria de la resurrección. Y precisamente así fue.

Por varios años he cantado el canto “No Pudieron” en este día de celebración, pero jamás lo he cantado con el sentimiento y signficiado de este año.  Extrañé ver a Jaime sentado en la primera fila, con su sonrisa de aprobación y su “¡Amén!” jubiloso al final.  Me empoderó el pensar en la victoria de mi esposo sobre la muerte y que ahora él está en la presencia del Salvador.

“¡Gloria a Dios, Resucitó!  ¡Resucitó!”  culminó el victorioso canto.  Y, ¡oh la victoria que yo sentí cuando la música subió a su glorioso climax!  La congregación entera estalló en un aplauso de gozo y gratitud al Señor por esta hermosa verdad.   Al teminar el canto, yo me senté y sollocé, dándole gracias a Dios por la realidad de nuestra esperanza  y por permtirme cantar Sus gloriosas alabanzas ahora y por toda la eternidad.

*Canto por Gloria y William J. Gaither©1971

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