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Archive for the ‘Amor de Dios’ Category

“He estado tan ocupada que no he tenida tiempo a atender mis raíces.”  Rápidamente abandoné mis pensamientos originales de las raíces de un árbol cuando mis ojos alcanzaron ver la cuarta de pulgada de pelo blanco entre el pericráneo y su cabello rojo.

Durante los últimos diez años, las ocupaciones de la vida habían  evitado que yo atendiera mis raíces. No me refiero a las raíces de mi pelo – desde cuando cada pelo en mi cabeza está completamente blanco – sino que a mis raíces físicas.  La diagnosis de cáncer del pulmón en mi hermano Roger me motivó a suspender mis otras actividades y cruzar las millas entra California y Indiana para regresar a mis raíces en Indiana.

Con camera en mano, empecé el recorrido de mis raíces.  Volví a visitar los lugares familiares en el pueblo en que nací y me crié.  La casa y vecindad donde crecí, mi escuela, el negocio familiar, aún los cementerios donde están sepultados mis papás, abuelos, y otros antepasados me inundaron de memorias.

Me acordé cómo me había sentido sin raíces con la muerte de mis padres (mi mamá en 1991 y mi papá en 1993), aunque ya tenía muchos años de vivir lejos de casa.  ¿Ahora dónde pertenecía?  ¿Dónde me iría cuando sintiera deseos de volver a casa?  Raíces echadas profundamente sacadas de la tierra fértil dónde se habían nutrido y alimentado durante 45 años.  Dependía yo de estas raíces para proveer estabilidad, puesto que mi esposo y  yo habíamos movido de Costa Rica a España a México y últimamente al Sur de California en nuestro trabajo misionero.  Ahora no existían.

Sentí profundamente mi responsabilidad de proveer este mismo tipo de hogar en donde nuestros tres hijos podrían echar sus raíces.  Jaime y yo intentábamos que existiera la tierra fértil en donde sus raíces podrían echarse cada vez más profundas, ser nutridas y refrescadas, y crecer.  Muchas eran las veces cuando nos paramos juntas en la entrada de la casa despidiendo a nuestros hijos a su salida después de una visita a casa.  “Gracias, Señor, que mi esposo y yo podemos hacer de nuestro hogar un lugar en donde nuestros hijos tienen sus raíces, un lugar a donde siempre pueden regresar.  Gracias que estamos aquí haciendo esta despedida juntos.”  Me imaginaba poder hacer lo mismo todavía durante muchos años en el futuro hasta la vejez.

Ahora, aunque revistaba mis raíces,  volví a sentir los mismo, sin raíces y tan sola.  Tres meses antes, Dios había llevado a mi esposo a Su Presencia, a la edad de 65 años, haciendo pedazos de mi sueño de proveer raíces para nuestros hijos aun envejeciéndonos juntos.  Nuestro hogar ya no fue lo mismo.  ¿Cómo yo, siendo viuda, iba a seguir proveyendo un lugar para las raíces de mis hijos?  ¿Y dónde estaban mis raíces?  Me parecía que todos en me alrededor pertenecían a alguien y tenían su lugar.  ¡Hasta las vaquillas de mi sobrinita, con su lugar en el granero colocado en el terreno de mi hermano, tenían su pareja!

Dulcemente Dios me recordó de los versos que me habían impactado hacía muchos años en mi primer año de universidad:

“Pido en oración que, de sus gloriosos e inagotables recursos, los fortalezca con poder en el ser interior por medio de su Espíritu. Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes” (Efesios 3:16-17*).

Desde entonces he visto a mi vida como un árbol creciente cuyas raíces se echan continuamente más y más profundas mientras se nutren en el gran amor de Dios.  Aun en medio de las circunstancias más  difíciles de la vida, todavía estoy firmemente arraigada en Su amor con raíces que siguen creciendo cada vez más profundas  ¡Hallo me estabilidad en Él!  Estoy segura en esta verdad.

Deseo continuar con el recorrido por mis raíces en Cristo.  Le pido a Dios que a medida que otros viajan conmigo, todos experimentaremos lo escrito en los versos que siguen en el pasaje de Efesios 3:

18 Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. 19 Es mi deseo que experimenten el amor de Cristo, aun cuando es demasiado grande para comprenderlo todo. Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios (Efesios 3:18-19*).

*Nueva Traducción Viviente© 2010 by Tyndale House Foundation

 

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